viernes, 8 de octubre de 2010

Testimonio del Ex Black Sabbat Jeff Fenholt

Me crié en Ohio y, aunque me cuesta trabajo hablar al respecto, de niño abusaron de mi. . Recuerdo haber estado encerrado en un ático que estaba sin acabar de construir a la edad de tres años, haberme quedado dormido y también como me despertó a las 2 de la madrugada el agua helada que me caía sobre la cabeza. No he olvidado las palizas que me pegaban, hasta quedarme casi inconsciente, de modo que crecí dominado por el odio y la violencia. De jovencito fui muy salvaje. Incluso antes de llegar a la adolescencia ya había participado en robos, 'con allanamiento de morada' y también había conducido a lo loco en coches robados. Mi madre no podía afrontarlo, así que cuando yo no tenía más que doce años llamó a la policía, encontrándose en esos momentos de su vida inmersa en un proceso de divorcio y sufriendo muchísimo. Yo era consciente de que ella estaba sufriendo mucho. Yo quería muchísimo a mi madre y sabía que estaba sumida en el dolor, pero a pesar de eso mi madre llamó a la policía y les dijo: 'no puedo hacer nada con este crío, es incorregible.' De modo que me llevaron a un reformatorio y fue espantoso. Os aseguro que todo el mundo me miraba como si hubieran sido una bandada de buitres. Fue muy duro. Durante los próximos cinco años estuve entrando y saliendo del reformatorio. Había estado tocando en grupos de rock desde los 12 años, que era mi manera de escapar de las cosas. Cada vez que no me encontraba 'detrás de rejas' estaba tocando rock and roll. No tenía mas que 15 años cuando alcancé el éxito con un disco. El disco, que se llamaba Gone Too Far (he ido demasiado lejos) apareció en la lista de los 40 principales de los Estados Unidos y fue el número uno en la región del oeste medio. Inmediatamente alcance el éxito con un segundo disco, llamado 1000 Devils (1000 demonios). Fue entonces cuando conocí a Reeni, mi futura esposa. Ya había conseguido el éxito y creo que estaba ganando entre los 500 y los 1.000 dólares a la semana, mientras seguía estudiando en la escuela superior, realizando giras durante los fines de semana. A los 17 años me marché de casa y empecé a estudiar en la facultad. Por las noches trabajaba en los diques de camiones y durante el día asistía a clase, pero entonces pensé 'esto es demasiado duro', por lo que volví a cantar durante los fines de semana. En verano realicé una gira, tocando rock and roll, mientras participaba en el ocultismo y asistía a rituales satánicos. A los 19 años firmé un contrato con la compañía discográfica CBS y empecé a pensar: 'a lo mejor no vuelvo a la facultad. Seguiré adelante con la música y continuaré dando conciertos.' Mientras me encontraba de gira en San Diego, California, no me quedaba mas que una noche libre. Estaba en la calle cuando un individuo se chocó conmigo y a continuación se dio la vuelta y empezó a insultarme, llamándome un perro de cabellos largos. Nos peleamos en la calle y aunque yo no salí herido, cuando continúe andando calle abajo oí a alguien que estaba predicando la Palabra de Dios. Nunca había oído predicar a nadie con anterioridad, por lo que me sentí atraído. Me acerqué y me puse a escuchar. El que predicaba dijo que iban a llevar un autocar a su iglesia, donde celebrarían una reunión y sentí que algo me tocaba muy adentro. Recuerdo de niño haber clamado a Dios desde el reformatorio, pero fue como si hubiese clamado a la pared porque no sabía quién era. 'Dios, sácame de aquí. Líbrame de este lugar', pero mis palabras parecían siempre volver a mi vacías. Había estado buscando cuando oí a ese hombre hablar acerca de la Palabra de Dios, así que fui con él a su iglesia y resultó ser una iglesia pentecostal en San Diego.
Me metí en el autobús con todos los borrachos, los drogadictos, etc. Cuando llegamos a la iglesia los borrachos comenzaron a caminar hacia el altar y a aceptar a Jesús mientras el pastor decía: 'quiero que aceptes a Jesús como tu Salvador'. Yo escuchaba todo lo que se estaba diciendo alli, pero las mujeres que hablaban en lenguas detrás de mi me estaban haciendo sentirme incómodo porque yo no sabía que pensar ni sabía lo que estaba pasando.
Era evidente que aquel pastor me estaba señalando y yo no dejaba de pensar: 'este individuo no me va a dejar marchar hasta que no acepte a Jesús y la única manera de salir de este sitio es en el autocar' así que se me ocurrió pensar en pretender que estaba recibiendo a Jesús, por lo que me dirigí hacia el altar, solo con la intención de poder regresar a mi casa. Cuando me encontré frente al altar le pedí a Jesús 'si tu eres el Señor, muéstramelo.' Entonces empecé a sentir el poder de Dios, que tocaba mi corazón y mi alma y me entraron ganas de llorar, pero no dejé que me cayesen las lágrimas. Por fín, tomé una decisión: Jesús es Señor y Salvador, pero al arrodillarme, el pastor me dijo: 'hijo, levántate. No estas listo para aceptar a Jesús como tu Señor y Salvador, mira el aspecto que tienes.' Me dio un libro y me dijo: 'Llévate este libro, léelo y vuelve dentro de una semana y si todavía quieres aceptar a Jesús, te dejaré que lo hagas.' Yo estaba acostumbrado a estar sobre un escenario de manera que me volví y le dije: 'no pienso llevarme este libro porque no soy ningún ladrón. Si me lo llevase lo estaría robando porque no pienso volver a poner nunca mas los pies en esta iglesia.' Con esas palabras tiré el libro y salí de aquella iglesia. Nadie me detuvo ni se me acercó. Me sentía lleno de amargura y desesperación, confuso y dolorido. Volví haciendo autostop al apartamento que tenía en la playa, que había alquilado durante todo un mes. Cuando entré en él estaban las luces apagadas. Me puse de rodillas y me puse a orar, me sentía quebrantado. Había aprendido a rechazar el amor de mi propia madre y de mi padre y cuando una persona hace eso, se vuelve fría. Nunca lloraba por ninguna causa, pero esa noche caí de rodillas y lloré delante de Dios. Le dije: “Oh Dios, quería aceptarte, pero no me lo permitieron. Estuve en la cárcel, me pegaron palizas, abusaron de mí y Tú me libraste. Tu me diste el don de mi voz. Dios, no te conozco ni a ti ni a Jesús. No sé de qué va el tema y no tengo nada que ofrecerte. Soy un joven destrozado, pero te entrego mi voz. Tu me diste el talento y yo te lo devuelvo.' Era lo único que tenia y que podía dar. Como hay Dios que, en aquella habitación se encendió una luz y una Presencia apareció en el rincón de la habitación, algo que nunca jamas había experimentado. Me sentía terriblemente asustado, así que cerré los ojos, apreté los dientes e incliné mi cabeza. 'Una voz habló en mi interior a mi corazón y me dijo: 'Tu vas a representar el papel de Jesús en Jesucristo Superstar, la producción.' Yo había oído hablar del espectáculo. El disco single acababa de aparecer y se habían vendido 2 millones de ejemplares y la gente estaba empezando a hablar sobre él. Se rumoreaba que iba a ser un gran espectáculo. Reeni había nacido de nuevo en Ohio y yo no lo sabía. Ella había recibido lo mismo al mismo tiempo en oración y después Reeni fue en avión a California. Fui a la CBS en Los Ángeles para reunirme con el Vice Presidente de la CBS para hablar acerca de mi álbum, pero cuando llegué había salido a comer e iba a estar ausente durante dos horas y yo tendría que esperar. Como tenía tiempo de sobra, caminé calle abajo y dije: '¿qué está pasando que hay tanta gente en ese teatro?' Había miles de críos en la calle junto al teatro Aquarius. Pregunté: '¿qué está pasando?' y dijeron que estaban haciendo una audición para la gira de conciertos para Jesucristo Superstar y habían hecho pública la noticia. Para resumir una larga historia, me llevaron a Nueva York en avión. Cuando me presenté en la audición, tenía el pelo rubio dorado, cuando todavía no estaba de moda llevar el pelo ondulado y me dijo: 'soy el director de casting y quiero verte está noche a la hora de la cena.' Yo le contesté: 'usted sabe que no'. Volví a mi dormitorio en el hotel y sonó el teléfono. Era el director de casting y me dijo: 'hemos estado pensando en ti, pero hemos decidido en tu contra, puedes marcharte. Piérdete.' De modo que me subí al avión y me fui. Le dije a Reeni: 'no me han dado el papel' y me dijo: 'Jeff, el Señor le ha hablado a mi corazón y te han concedido el papel' El tercer o cuarto día sonó el teléfono y un tal Rick Gunnel me llamó desde Nueva York y me dijo: 'te hemos estado buscando por todo el mundo y por fin te he encontrado. '¿Por qué volviste a casa?' Le expliqué lo que había pasado con la cena y todo lo demás y me dijo: 'bueno, la verdad es que ese hombre que te echo, seguramente le despediremos, pero queremos que vengas. Vas a representar el papel de Jesús.' Inauguramos la obra en Pittsburg. Reeni y yo ni siquiera podíamos salir a cenar en las ciudades en las que realizábamos las representaciones porque las personas me reconocían. Entonces una noche, cuando me preparaba para salir al escenario en Boston Gardens, sentí como una presencia maligna apoderarse de mi detrás del escenario. Me cogió con fuerza y me sentí dominado al mismo tiempo por el miedo y el poder. Toda clase de cosas carnales surgieron en mi interior y me dí cuenta de que algo había cambiado, algo me había consumido y algo se había apoderado de mi detrás del escenario. El jefe del escenario entró y me dijo: 'cinco minutos'. Me le quedé mirando derecho a los ojos para ver si era capaz de captar el cambio que se había producido en mi porque yo había sentido esa presencia apoderarse de mi. El no vio nada, pero cuando salí al escenario los perros de la policía que vigilaban el escenario y que estaban allí para protegernos me atacaron, sintiendo que había algo que iba muy mal. Salí al escenario y mientras me encontraba en pie ante el público me llego palabra de que iba a tener una gran riqueza y que además iba a tener mucho éxito. Que el público era como un león y yo era el domador de esos leones. Cuando hiciese sonar el látigo sobre el escenario ellos saltarían a través del aro y harían lo que yo quisiese que hiciesen. Esa presencia permaneció junto a mí durante 9 años, por la mañana, al mediodía y por la noche. Ese años, en otoño, fui a la inauguración del espectáculo y cuando lo hice, pusieron mi foto en la portada de la revista Time y aparecí en las paginas centrales de la revista Vogue, además de hacerlo en las de Cosmopolitan, Japanese etc. Leí en una revista de negocios que en una gira que había durado seis meses habíamos conseguido 36 millones de dólares y eso no incluía los derechos de autor de los discos. Él espectáculo fue un gran éxito. Mientras me encontraba en Broadway me enfrentaba con esa cosa de Jesús todas las noches y puedo deciros que acudieron a los camerinos algunas personas muy perturbadas. Vino a verme una mujer, cayó sobre su rostro y me dijo: 'vuelve a traer a mi marido', que había fallecido ese mismo día. Me vino a ver una niña ciega, que me dijo que mientras yo cantaba ella podía ver lo que yo llevaba puesto y lo que llevaban puestos los demás, a pesar de que según me dijo había estado ciega desde que nació. Afrontémoslo, Jesús no fue responsable de esos sucesos, pero yo no tenía una armadura ni un escudo. Odiaba a los cristianos y cuando venía a verme alguna persona cristiana a darme testimonio le decía: 'Aléjese de mi' insultándole y haciéndole la vida imposible. Había estado bebiendo alcohol y tomando tantas drogas que me había quedado en 128 libras. Me pasaba las noches de fíesta en fíesta, una noche tras otra. Una noche se me produjo una hemorragia en el estómago y comencé a vomitar sangre. Cuando llegué al hospital me quedaban dos pintas de sangre en mi organismo y el médico le informó a Reeni que necesitaba seis meses de descanso, así que me retiré del espectáculo de Broadway.
Nos fuimos a nuestro hogar en Long Island, donde me pasaba el día entero. Hice un par de discos, pero dejé de intentar trabajar porque estaba liado con las drogas. Una noche le pegué una paliza tan terrible a mi esposa que la dejé inconsciente en el comedor de nuestra casa. Me la quedé mirando, muy drogado, la abofetee unas cuantas veces y le dije:'venga, despiértate.' Pero no se despertaba y yo creí que estaba bromeando conmigo. Siempre teníamos flores en un jarrón en el pasillo, saqué las flores, cogí el jarrón y le eché el agua fría encima, pero ella siguió allí tirada. ¿Queréis saber lo demoníaco que era? Ni siquiera llamé a un medico, ni a un amigo. No la llevé a un centro de urgencias, sino que subí al piso de arriba y me fui a dormir. Al día siguiente llame a sus amistades, intentando encontrarla. '¿Dónde esta Reeni? ¿La estás ocultando?' Su amiga me contestó: 'no, insensato, está en el hospital.' Cuando salió del hospital volvió a casa, ¿podéis creerlo? No hacía más que suplicar a Dios y atar a Satanás. Estaban remodelando un ala de la casa de Long Island y habría equipos de constructores durante seis semanas enteras. Todos los camiones llevaban pegatinas acerca de Jesús. Me acerqué a Reeni y le dije: '¿qué es eso, todas esas pegatinas de Jesús?' a lo que ella me contestó: 'he conseguido los presupuestos que querías y he contratado a estos hombres para que reconstruyan el ala de la casa.' Yo le dije entonces: 'Quiero que se larguen ahora mismo.' Ella me replicó: 'Jeff, cada vez que entran personas por´ la verja triplican la cantidad de dinero que piden. Éstos hombres me han dado un buen presupuesto y no nos van a timar!' Eso me toco el corazón, de modo que le dije: 'está bien, les dejaré que trabajen en la casa.' No sabía que Nick Disipio, el contratista, tenía un ministerio de liberación. El Señor sabía que había estado clamando a Él. Nick Disipio me dijo algún tiempo después que el momento en que entró en la casa se dio cuenta de que había en ella una presencia demoníaca. No sé cómo pudo darse cuenta de ello...no había mas que cortinas, como las de los hospitales, cubriendo las 52 ventanas, de modo que a las doce del mediodía pareciese como si fuese media noche, había candelabros por todas partes y curiosas esculturas de Jesús con la cabeza cortada, yo tenía un gusto bastante extraño. Un día me desperté cuando eran casi las doce del mediodía, como acostumbraba a hacer siempre, y bajé las escaleras, sin camisa, llevando un montón de cadenas de oro colgadas, vestido con pantalones muy anchos, botas, el pelo que me caía despeinado (hasta por debajo de la cintura), teñido de un rubio brillante, etc. Iba a dirigirme a la habitación de atrás y hablar con los obreros, como lo hacía con todo el mundo, pero cuando entré en la habitación Nick me miró y me dijo: 'has representado el papel de Jesucristo, ahora ¿quieres conocer al verdadero Jesús?'
Me sentí tan dominado por el temor y la ira que le insulté violentamente. Aquella era la parte de la casa donde se alojaban los criados y tenía una puerta giratoria. Intenté dar marcha atrás, atravesando dicha puerta, pero me di contra la pared. Me quedé sin aliento debido a lo fuerte y rápidamente que intentaba alejarme de él. Eso era lo que me estaba haciendo el espíritu, es decir, el espíritu de Satanás. De manera que salí corriendo, intentando irme a la parte más lejana de la casa, que era el dormitorio principal, situado en la parte de arriba de la casa. Cerré con llave cinco puertas para poder llegar hasta él y allí, en la oscuridad, me eché a temblar. El Señor se estaba haciendo cargo de mi. Por fín, me obligué a mi mismo a volver a bajar. Caminé lentamente y le dije a los obreros: 'no estoy dispuesto a aceptar a Jesús, pero si queréis orar por mi, podéis hacerlo' mientras yo llamaba a Jesús en silencio.
Los obreros soltaron sus martillos, dieron un salto y colocaron sus manos sobre mi, hablando en lenguas. Caí fulminado y sentí como si se levantase un gran peso de mis hombros. Fue como si se me abriese la espalda y de ella se levantase un yunque. Les dije: 'Si este es Jesús, quiero aceptarle como mi Señor y Salvador.' Me arrodillé allí mismo y acepté a Jesús como mi Salvador y ellos me llevaron hasta la playa y me bautizaron. A partir de ese momento, sentí una profunda sed del Señor, pero también tuve muchos problemas. Todos mis amigos eran drogadictos y músicos, que tocaban rock and roll y a mi me costaba trabajo dejarles a un lado. Además en mi vida había algunos aspectos en los que me costaba trabajo perdonar. El Señor me había librado de manera milagrosa de las drogas y del alcohol, pero había en mi una profunda amargura, que me costaba mucho trabajo eliminar. Al mismo tiempo se produjo una tremenda guerra por poseer y dominar mi voluntad. Había muchas cosas a las que me costaba enormemente renunciar y el dinero era de las que mas me costaba. Llegué a la conclusión de que la única manera de ganar dinero era por medio de la música del mundo, pero mientras preparaba un álbum de rock después de haberme entregado al Señor, Felix Papilardi, mi mejor amigo, fue asesinado. Dos días antes le había estado dando testimonio y había rechazado a Cristo y ahora estaba muerto. Poco después, Gary Driscoll, que tocaba el timbal en mi banda, también fue asesinado. Intentí invertir en 'inversiones cristianas' y en dos ocasiones me timaron de una manera espantosa. El Señor me mostró que había depositado mi confianza y mi fe en otros hombres, en lugar de hacerlo en Él, pero una vez más me dejé llevar por el pánico y me dediqué otra vez a ganarme la vida tocando música rock para el mundo. ¿Adivináis quiénes fueron los primeros en llamarme? Black Sabbath. Acepté la oferta y me convertí en el principal vocalista desde Enero hasta Mayo de 1985, pensando todo el tiempo que podía ser 'una luz en medio de las tinieblas', pero no funcionó. Hasta que, por fin, llegué a un punto en el que tuve que decir: 'está bien, he pertenecido a los más importantes grupos de rock del mundo, pero ya no puedo seguir recibiendo bendición formando parte de esos grupos porque ya no soy del mismo sentir.' En ese momento tampoco estaba siendo bendecido en el Cristianismo porque no me había metido de lleno en él. Era como un burro entre dos montones de paja, muriéndome de hambre porque no podía acabar de decidirme. De manera que me dije a mi mismo: 'O bien te metes de lleno en el mundo y te olvidas de Jesús o dedicas tu vida totalmente a Jesús.' Me llevo a penas un segundo tomar la decisión. No podía vivir ya ni un solo minuto sin mi Salvador. El poder increíble del perdón de Cristo y su compasión me habían guiado a un ministerio totalmente nuevo entre aquellos que también han padecido abusos o se han visto presos de la amargura, la violencia o las drogas.

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